MANUEL LÓPEZ OLIVA, EL ARTE TIENE QUE IR HACIA ESA DIMENSIÓN DE LO MULTIPLE

La exposición de arte cubano Zona Franca ha regalado gratas sorpresas al público que visita por estos días la Fortaleza San Carlos de la Cabaña durante la XII Bienal de La Habana. En la Bóveda D1 de La Cabaña, el artista de la plástica Manuel López Oliva ha propuesto un diálogo horizontal, directo y fluido con los espectadores a través de su proyecto, el taller de creación y reflexión multidisciplinario Cambiar la máscara.

Cada día, el artista se acerca a los diversos públicos con una experiencia nueva y sorprendente. Así sucedió con el performance Enmascarar al gusto, en el que siete profesionales del arte culinario recrearon el universo real e imaginado de sensaciones y emociones a partir de la presentación de los platos y su preparación.

Los chefs Julio César Gómez, Yamilet Magariño, Liuyen Álvarez Gallego, Niuris Ysabel Higueras, Acela Matamoros, Zeida Chapman y Niove Díaz unieron sus propuestas culinarias a las obras pictóricas de López Oliva.

En este taller fue protagonista, asimismo, un performance donde el desnudo de dos cuerpos jóvenes, enmascarados con chocolate y plantas afrodisíacas, se sumó a la degustación de alimentos convertidos en piezas de carácter artístico y religioso que discursan acerca de lo que se entiende como comestible en función de un juego erótico o antropofágico.

A esta propuesta curatorial se sumaron profesionales que proporcionaron disímiles saberes desde el campo de la psicología, la escenografía o la danza. De igual manera, estuvieron presentes especialistas del grupo Visual Gourmet, el restaurante Atelier y Cubanas Chef.

López Oliva está convencido de que “este es un proyecto múltiple, como el ser humano y la vida. El arte tiene que ir hacia esa dimensión”.

¿Cómo se inserta este proyecto dentro del concepto “Entre la idea y la experiencia” que propone la Bienal?

-Realmente la visión del evento es plural. Ha ido modificándose y convirtiéndose, más que en una bienal unicéntrica, en una bienal policéntrica. Lógicamente, podemos decir que es híbrida. Eso no es malo porque las culturas cubana y caribeña son híbridas. Todo lo cubano posee esa hibridez porque eso le otorga autenticidad.

Más que hacer un proyecto convencional y exponer mi obra, como un demiurgo o como una especie de centro cultural, pensé que podía deconstruir los dos componentes básicos de mi obra: el teatro y la máscara.

Entonces valoré la posibilidad de tratar de llegar a toda la dimensión del concepto máscara, en todos los planos posibles. Usé, además, el concepto de caos en mi proyecto porque no quería que fuera formal, cartesiano, rígido, burocrático, sino abierto, como el amor.

Por eso, asumo elementos de la antropología, de la sociología, la etnología. En este stand han trabajado escenógrafos y psicólogos que han hecho sus piezas interactivas para que el público juegue con ellas.

Busqué personas de muchas profesiones: antropólogos, sociólogos, etnólogos, chefs de cocina que mostraron el enmascaramiento culinario de los alimentos; bailarines de danza contemporánea y una especialista de cine, quien habló sobre el proceso de enmascaramiento cinematográfico desde los inicios de ese arte hasta las máscaras presentes en la película Vestido de novia.

¿Qué le ha parecido la participación de los diversos públicos en esta edición de la Bienal?

-Creo que lo más importante que ha sucedido en la Bienal -y en eso coincido con el Ministro de Cultura, Julián González- es la participación activa del público. El público internacional cuando llega a Cuba se encuentra con una fiesta.

De manera que la Bienal es como un espacio de gran relajo organizado. Creo que la Bienal, de alguna manera, ha sido abierta. Lo que la caracteriza -independientemente de su lógica curatorial, de su diseño y concepto- es su carácter interactivo.

Eso permite un diálogo que no es el que hay en el resto de los países donde se realizan estos eventos. Las otras bienales son más propias de campo de las artes visuales, de las  instituciones artísticas y del mercado, específicamente.

La nuestra es una Bienal del pueblo. En el proyecto Detrás del muro hay un borracho que se ha apropiado de la playita artificial y está alquilando los espacios donde la gente se puede sentar. Esta es una Bienal de todos, de la fiesta, de la locura, del desbordamiento.

¿En qué otros proyectos de la Bienal ha participado con sus obras?

-Esta vez no pude participar en muchos proyectos pero estuve representado en la muestra colectiva AB+C, organizada por el Fondo Cubano de Bienes Culturales. Para mí ese es el proyecto de los pintores que llevan más años trabajando. José Martí hablaba de los pinos viejos y los pinos nuevos. Yo pertenezco ya a los pinos viejos.

Ese proyecto, junto al llamado HB, donde exponen algunos jóvenes que ya son maestros, tiene una lógica comercial más enfocada al mundo del mercado, de los coleccionistas, los galeristas. Los proyectos más populares son los que están esparcidos por la ciudad o en la fortaleza San Carlos de la Cabaña.

¿Después de la Bienal, qué nuevos trabajos lo ocuparán?

-Quiero seguir creando y pintando. Si puedo, en algún momento, voy a entrar en una dimensión que empecé hace un tiempo y no sabía que podía trabajar: el cine asumido desde las artes plásticas.

FUENTE: Maya Quiroga, Cuba contemporánea